jueves, 18 de agosto de 2016

La noche de 
campamento







Todo comenzó la noche que mi hermano gemelo, Alex, y yo salimos a acampar. Recuerdo que ambos estábamos muy emocionados por salir a dormir al exterior. Salimos a pie por el bosque, íbamos conversando y riéndonos, el telón de de la noche no tardo en caer. Las estrellas se asemejaban a pequeñas luciérnagas posadas sobre la tela.
La caminata nos llevó a un lugar muy extraño, era escabroso. Había cabañas que parecían estar desoladas, las frondosas copas de los árboles tapaban toda luz producida por la luna, daba la impresión de que allí hacía mucho más frío. No voy a negarlo, tuve miedo en ese momento, miré a Alex y él a mí.
-Oye, Allan ¿Tenés miedo?-se rió levemente-
Yo solo miré abajo y me limité a negar con la cabeza.
-¡Acampemos aquí, entonces!-sonrió emocionado.
-¿S-seguro? Es que aquí hace frío-me excuse.
-Tenés miedo-ríe- sos un gallina.
-¡No es cierto! Bien, ¡hagámoslo!
Levantamos nuestra carpa y acomodamos las cosas. Cenamos unos sándwiches que nuestra madre nos había preparado y luego de un rato decidimos ir a explorar. Yo estaba algo asustado pero no quería que Alex lo supiera, así que decidí ocultarlo.
Entramos a una de las cabañas abandonadas: había unas literas oxidadas, la madera con la que fue construida esa cabaña ahora estaba podrida y rugía con el viento, el suelo rechinaba con cada paso que dábamos; la luz tenue de la linterna de Alex alumbraba la habitación. De repente escuchamos un ruido.
-¿A-Alex?
-¿S-sí?
-¿F-fuiste vos?
-No… ¿y v-vos?
-Tampoco.
 Nos miramos asustados.
Me eché a correr como si eso dependiera mi vida sin mirar atrás, Alex venía detrás de mí, o eso creía. Cuando estuve lo suficientemente lejos me detuve, empecé a mirar para todos lados, no había señal de ninguna persona, ni siquiera de  Alex.
Comencé a preocuparme y tuve miedo, empecé a escuchar voces en mi cabeza, todo estaba oscuro. De la nada vi una figura, estaba diciendo algo pero no le entendí, se acercaba a mí con rapidez. Del miedo tomé un leño que estaba por allí y le pegué numerosas veces en lo que se veía era su cabeza y brazos. Cuando parecía que ya no podía moverse corrí a la carpa, me metí en mi bolsa de dormir y me tapé la cabeza hasta quedarme dormido.
Al otro día desperté, lo primero que hice fue mirar dentro de la carpa para ver si Alex ya había regresado pero no era así. Salí de la carpa para buscarlo. Luego de un rato de caminar, encontré una imagen que me horrorizó. Alex estaba todo golpeado, rasguñado y había un charco de sangre debajo de su cabeza, estaba muerto.
Salí corriendo lo más rápido que mis piernas me permitían. Al llegar a mi casa le conté a mi madre todo lo que había sucedido, fuimos a la policía y ellos fueron a investigar  y me trajeron aquí. A hablar con usted.

Allan terminó de contarle lo que había ocurrido al psicólogo. Luego de unas horas los policías y el psicólogo sacaron sus conclusiones. Al terminar de investigar los policías informaron a los padres de Allan sobre la causa de muerte de su hijo. Alex fue asesinado. Y su asesino fue… Allan.